18/3/08

el reloj de oro

Todos los días del niño de cada año, nos dejabas apretar el botoncito del cronómetro. Esperábamos pacientemente esos segundos de felicidad por única vez en el año viendo la aguja delgada, consumir el tiempo en un barrido de la esfera del Omega.
Hace muchos años, cuando todavía teníamos el quincho, y el gato Fenol hacía de las suyas en el vecindario, un día te pusiste a hacer una pared de panderete que remataste , casi bajo la lluvia, con un salpicrét improvisado a golpe de escoba. Ese día te dije:- papá, cuando sea grande te voy a hacer un reloj de oro. No sé porqué te lo dije, quizá, pienso hoy , me invadía un sentimiento de admiración, por esas cosas que hacías, como la pared, o el patio de baldosas hechas una a una , y puestas a fraguar sobre papel de diario. Me acuerdo que una vez puestas en su sitio, cerca del bombeador y alrededor del níspero se podían leer algunos anuncios clasificados en el cemento del patio.
Los años fueron pasando y el ritual del día del niño, se repetía. La promesa del reloj de oro cayó en el olvido.
Hasta que el año pasado, mientras recuperabas el habla después de la crisis de tu enfermedad, me contaste que estabas escribiendo mucho, que tenías cuadernillos y hojas escritas sobre infinidad de temas. Angustiado por la imposibilidad de hablar y comunicarte normalmente, retomaste tu asignatura pendiente. Y en eso se me ocurrió que tal torrente de escritos podía tener un canal fluido, ver la luz y compartir tu mundo y tus vivencias que dejabas por escrito. Así nació tu blog, así paralelamente recuperaste la vitalidad y la alegría, así pudiste aceptar lo que te había tocado vivir.
Y entonces me acordé del reloj de oro prometido . Papá: - no pude hacerte ese reloj, pero a cambio te regalo mi tiempo.

28/2/08

Nuevos pasos, viejas pasiones


Foto Henry Cartier Bresson

Bajando las escaleras del subte D, cerraste el paraguas, fuiste dejando un reguero hasta la boletería. Compramos dos cospeles , pasamos el molinete y esperamos en el andén en silencio. Tu paraguas seguía goteando.
Toda la tarde trabajando en el estudio y yo con la cabeza en otra cosa. Esos libros que compré con tanto esfuerzo, me consumían la mente y los ojos.
Vos sufrías la tormenta del desamor.
Y en un vagón de subte me lo dijiste: algún día harás una película. Yo te miré asombrado por tu seguridad. Mientras mi interior era una hoguera.

En Buenos Aires, ha estado lloviendo, mi viejo está recién operado y convaleciente en casa.
Una carrerita hasta el locutorio de la otra esquina, para mirar los mails y hacer alguna operación por internet.
A la vuelta creí verte charlando bajo un paraguas con una señora. No creí en mis ojos cansados , pero al llegar a la puerta de casa, me dí la vuelta y te miré otra vez. Volví sobre mis pasos y te abordé, allí con la misma imagen. Charlamos después de 25 años. Con las miradas encendidas cambiamos direcciones , datos y una sinopsis de nuestras vidas. Me quedaban pocos días para volver a España, a mi rutina de trabajo de arquitecto.

Recién llegado recibí la llamada: - tenemos un encargo , hay que hacer un video de pocos minutos, en una semana....


Segovia 28 de febrero 2008.

Agradecido a Luz María Ruiz Moreno, arquitecta.

29/1/08

en 19 segundos



Un trazo con el programa de dibujo, un trazo arbitrario, con la línea roja sobre el fondo negro, define algo que será un muro o una columna.
Una gota de pintura roja se derrama hacia abajo del papel, desde esos ojos azules, hechos con un par de giros de pincel. El arma tiesa a un lado, el uniforme cruzado por dos bandas amarillas, la cara rosada de vergüenza. "El soldado miedoso" se seca en el caballete del taller. Hoy Michi nos ha cantado una canción, y nos ha contado un cuento. El sol por los cristales baña un espacio para la infancia, la expresión, efímera, indeleble en el alma de los niños.
Trenes oscuros surcan puentes con estrellas amarillas y arboles cargados de espuma verde con reflejos azules. Casas con techos rojos y niñas delgadas de punta a punta del papel, campos tachonados de verduras de témpera morada, o naranja. Soles que giran, y lunas que se reflejan en un charquito... Y el mar , que en un ir y venir de las olas me guia la mano a un click del ratón que recomienza la vida. Todo pasa a velocidad de vértigo, aquella infancia en 19 segundos de felicidad.

29 de enero de 2008

video : Taller de la Ribera

26/1/08

sueño recurrente


Era un sueño recurrente.

Desde que recuerdo, cada cierto tiempo vuelve.

Siendo muy pequeño, la primera vez, desperté pidiendo auxilio, con una voz ahogada, que a medida que crecía el desasosiego en el sueño, ganaba en claridad y potencia.

En ese sueño, mi cuerpo flotaba en un líquido, alrededor estaba todo oscuro, en el liquido me hundía y la sensación de ahogo se apoderaba de mi, no podía respirar.

La otra noche volvió a suceder, pero esta vez mientras mi voz ahogada empieza a pedir auxilio, una luz ilumina la pesadilla, me siento sosegado y en paz . En realidad no puedo respirar porque no respiro, y el liquido en el que floto, es el del vientre de mi madre.

Segovia, 1 de septiembre de 2005

4/1/08

frío

Aquí estoy delante de la ventana mágica ,
toda blanca de plasma ,
que no de hielo,
ese quedó fuera tras el cristal.

Aquí con los hilos rotos y enredados,
con la maqueta de tu recuerdo en los bolsiyos.
Con la navidá cerca pisando los talones.
Con la boca cerrada pero el corazón abierto.

¿Estás ayí del otro lado de la ventana?

Por la niebla , que no te huelo,
Por los ruidos de las noches, que no te oigo.
Por la miopía de mis ojos, que no te leo.
Por la abismo del espacio, que no te toco.

Pero ¿seguís ayí , verdad?


Segovia, 9-10-2004

11/12/07

la cuchara

Primero fue la mano

para calmar la sed

su hueco bastaba


El palo o el hueso

materia rudimentaria

su hueco bastaba


La mano

modeló el barro

su hueco bastaba



El fuego

fundió el metal

Y su hueco bastaba




Pobre

Preso

Esclavo

Rico

Niño



Cuentos y nanas

a tu orilla

y el vacío de tu hueco

la esperanza.






30/11/07

un taller dentro de otro

Una caja de plástico detrás de otra, uno las desarma, otro marca los lyers, y otro las monta otra vez con los papelitos dentro, a la espera del disco.

El trabajo manual hermana a las personas, me dice Manuel.

Sobre el mármol, que resplandece bajo las ventanas a la Calle Defensa, con mis 17 años preparo el bote de blanco bueno para las letras en los carteles de lino rojo. A mi derecha se pudre en un tanque de 50 litros una pintura gris formada por todos los restos de los tarros, de todos los sobrantes de cada día.

Yo, el aprendiz mas joven de el taller, intento por primera vez unos trazos con temple rellenando las letras. Cada movimiento del pincel, plano y largo, me mete ,como un juego de muñecas rusas, en otra historia anterior. La de mi abuelo que, primero aprendiz y luego propietario del taller , inventara mil y una maneras de elaborar artesanalmente los carteles de las empresas inmobiliarias. Carteles que necesitaban para el inmenso loteo que era Buenos Aires en los años 20, 30 ,40… Bastidores de madera y lienzos de lino rojo tensados se almacenaban verticalmente , como si fueran obras de arte de grandes dimensiones , como la de los artistas actuales. Carteles de chapa y madera, mas resistentes, se apilaban con ligeros separadores de madera, agrupados por tamaños.

Mientras las pinceladas inseguras rellenaban un ondulado mar de Banco Río, alguien a mi izquierda , con un pulso increíble venía trazando una linea horizontal de varios metros , sin titubeo. Si silbido traía viejas historias de mi abuelo y su socio.

En otro rincón hervía una olla de agua caliente, para los ravioles del mediodía. En la heladera helados artesanales que alguien había traído de la Avenida de Mayo. Un aperitivo de salamín, con maní salado, y Hesperidina, nos abría el apetito. Salduendo, mimaba la mesa improvisada con un cartel, oculto por un mantel a cuadritos. Los banquitos que usábamos para pintar, eran las sillas de este improvisado restaurante italiano. La humeante cacerola, el pan, y el vino .

Durante la rigurosa siesta, los mas jóvenes conspirábamos en la construcción de una guitarra casera, con una lata de pintura, un mástil de listón de yesero, los trastes de alambre galvanizado y las cuerdas de cable de cobre muy fino. Nos sacaba de la hora de recreo la pintura que se secaba.

Todos formábamos un equipo donde cada uno cumplía su papel con lo que sabía hacer mejor. Con los años supe que ésta experiencia había sido el inicio de muchas otras, de trabajo en equipo. En la facultad, en los estudios y empresas en que trabajé.

El tintineo de las monedas sobre el mármol, llamaba la atención de los peatones que en la acera buscaban monedas desesperadamente, guiados por el sonido provocado.

Un trazo, medio giro, otro trazo. Por el pasillo entran corriendo los niños de Gianni. El trabajo está llegando a su fin. Estrenamos nuevo equipo. Las maneras de producción han cambiado, los pinceles trocados por ratones y ordenadores.

El trabajo manual hermana a las personas, me dice Manuel, nuevamente.

Los hermanos me devuelven la mirada. El trabajo está terminado.


Segovia, 30 de noviembre de 2007