El 26 de junio de 1980 la dictadura argentina quemó en Sarandí 24 toneladas de libros y revistas, cerca de un millón y medio de ejemplares del Centro Editor de América Latina.
La quema masiva de libros fue una práctica sistemática de censura y terror cultural desde 1976. Ciencia, política, libros infantiles, literatura de ficción, poesía, todo cabía en la gran hoguera cultural del “Proceso de Reorganización Nacional”.
La federación nazi de estudiantes, apoyada por el ministro de propaganda Joseph Goebbels destruyó en 1933 miles de libros y elaboró listas de obras “degeneradas”, quemando o triturando obras de Marx, Freud, Einstein, o Bertolt Brecht.
En España los falangistas destruyeron miles de obras consideradas subversivas, liberales, marxistas, masónicas o contrarias a la moral católica, con el fin de borrar el legado de la República. Desde agosto de 1936 se hicieron hogueras públicas en Galicia, Navarra y Extremadura, conforme avanzaban las tropas franquistas.
El 30 de abril de 1939, se realizó la quema oficial en el patio de la Universidad Central de Madrid para celebrar la victoria del bando golpista. Luego vino el expurgo masivo de bibliotecas públicas, ateneos obreros y colecciones privadas. Libros que fueron quemados o triturados con guillotinas de imprenta. Después de ese tiempo llegaron los “infiernos” que eran secciones secretas o prohibidas en las bibliotecas públicas con acceso restringido solo a personal autorizado.
En estos días ha saltado la información tanto en la BBC como en otros medios como Televisión Española, que la empresa Antropic de Inteligencia artificial, lleva un programa oculto de adquisición masiva de cientos de miles de libros usados y descatalogados en todo el mundo, para previo uso de guillotinas industriales que arrancan los lomos y permiten la rápida digitalización de hojas sueltas mediante el reconocimiento óptico de caracteres. El objetivo es alimentar el cerebro de la Inteligencia artificial. Una vez escaneados los libros, éstos son destruidos y reciclados como papel.
Hoy estaremos hipnotizados bajo el influjo de un eclipse total de sol ampliamente publicitado y descrito, hasta tal punto que casi no hace falte verlo, ni tener la experiencia personal todo está en las pantallas. Mientras la tecnología se va refinando. Ya no necesitan quemar libros, maquinas monstruosas los fagocitan, digieren su contenido y nos dejan una papilla al gusto de quienes ostentan el poder. El fascismo también está en la tecnología, la que tiene por objetivo el control cultural, social y político de los seres humanos.
"Un mundo feliz", como vaticinara Aldous Huxley.
Quizá haya que ir retornando a las barricadas, esta vez hechas de libros.
Juan C. Gargiulo 12 de agosto de 2026

