Hortensia Morales nació en Cascada del Ángel, su madre la parió bajo un algarrobo. Ese día de un calor insoportable: 6 de enero de 2002, el gobierno sancionó la Ley de Emergencia Pública y Reforma del Régimen Cambiario, la cual provocó enormes pérdidas en los ahorros de la población.
Anselmo, su padre, mientras trabajaba el campo en Huertas Malas, vio moverse entre los yuyos del pajonal a un bicho extraño. Armado con su caparazón se enroscó en cuanto vio la presencia de Anselmo. Por el rastro de sangre, intuyó que estaba herido, quizá una culebra o un gato montés…
Con cuidado lo recogió con sus guantes y lo llevó al galpón en una carretilla. Allí tenía algo en el botiquín que quizá le sirviese para sanar la herida.
Él pensó que sería una buena mascota para Hortensia, su primera hija. El animal se fue curando con los cuidados de la familia y domesticando al ritmo del crecimiento de la gurisa. Comía de todo, frutas, semillas, larvas, insectos, era un bendito.
Con la crisis provocada por el gobierno, se vivieron años de penuria económica, y los pequeños agricultores como él, sólo podían producir para el autoconsumo. Con el tiempo no tardaron en poner sus garras las codiciosas inmobiliarias, que pretendían urbanizar las chacras circundantes, por una demanda turística específica: la de los avistamientos en el cerro Uritorco.
Urbanitas de clase media y alta, gurús, metafísicos y patafísicos, acampaban cada temporada, a la espera de los fenómenos celestes que se sucedían sobre el cerro. No faltaban hippies aficionados a cualquier tipo de sustancia que les abriera la mente. Todos ellos eran la clientela perfecta para los buitres de las inmobiliarias.
Diógenes, la mascota familiar, tenía la costumbre de robar y acumular los más variados objetos que encontraba, los enterraba o escondía, algunos volvían a aparecer cuando Hortensia cavaba la huerta o el jardín, otros parecían estratégicamente ocultados entre las matas de espinos.
Una tarde mientras Hortensia, regaba la huerta, por pedido de su padre, alguien munido de una escopeta del doce atravesó la tranquera y preguntó con prepotencia por Anselmo. El personaje era Willy Fernández, temido esbirro de las inmobiliarias que iba por las fincas amenazando a los chacareros para que se fueran y dejaran libres las tierras para sus intereses especulativos. Ante esa escena Diógenes se enroscó y en situación defensiva apuntó al inoportuno visitante con su rabo.
-Doctor, sentí como si un rayo invisible me paralizara y me debilitaba. Comentó Willy Fernández al médico local Salvador Houssay (nieto del premio nobel). Quien no encontró fundamento científico en lo que éste le contaba.
Fue en el año de 2020, el mundo estaba confinado por la pandemia, ya algunos chacareros habían abandonado las fincas cercanas al cerro Uritorco, los turistas acampaban para ver avistamientos de ovnis. Por las noches hacían ceremonias propiciadoras, desconociendo las costumbres nativas, que consideraban esas visiones como almas en pena que volvían a la tierra para cobrar deudas con los vivos. Y fue así que una noche Willy Fernández salió con su escopeta a cazar al animalito que le había paralizado. Entró a la finca de Huertas Malas, aprovechando que todos dormían husmeó entre las matas, los bidones de agua que se enfriaban con la rasca de la noche y entre los aperos descuidados.
Y en eso lo vio, dos ojitos amarillos reflejaron la luz de la linterna que tenía pegada a su escopeta. Willy apuntó y dijo: - ya no vas a servir ni para charango.
El animal se puso en dos patas, y juntó sus manitas delanteras como rezando. Sonó un disparo en el momento en que desde lo alto del Uritorco un rayo verde creó una red con los objetos que Diógenes había enterrado y escondido estratégicamente por toda la finca, en un movimiento envolvente el rayo se llevó por los aires al invasor.
Hortensia Morales, salió rauda de la casa y su mascota fue inocente hacia su encuentro, no tenía ningún rasguño, sólo temblaba el pobre animalito.
Dicen que vieron a Willy Fernández años después desvariando por las pasarelas de las Cataratas del Iguazú, invitando a los turistas a pasar allí una noche en un hotel de hielo… ¡Una locura!
Juan C. Gargiulo 14 de junio de 2026.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario