17/4/26

Una historia verdadera



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    Ulrico Schmidel como cronista del Río de la Plata y el Paraguay entre 1534 y 1554 nos relata en un pequeño libro la vida en los primeros años de la conquista y colonización de aquellas tierras.

    La vida dura por conseguir víveres y defenderse de un mundo totalmente hostil para los españoles que llegaron allí. La visión colonial, que subsiste hasta el día de hoy, no les permitía ver ni aceptar la cultura de aquellos pueblos, ni su ciencia ni sus creencias. En todo el libro se habla de continuas batallas y matanzas, donde los indios a pesar de ser mayores en número siempre tienen las de perder frente a la tecnología europea. En sus 55 capítulos no deja de decir una frase sobrecogedora: “matamos a muchos, muchísimos” o en tal batalla murieron dieciséis españoles y algunos quedaron heridos, del lado de los indios tres mil. En algún párrafo demuestra la desesperación de los conquistadores, ya no buscábamos oro y plata, simplemente agua.

    Cuenta en particular lo que sucedió cerca de Corpus Christi, con Antonio de Mendoza que, con un grupo de 50 hombres armados con arcabuces, se adentraron en tierra de los timbúes, Cuando llegaron hasta las chozas que rodeaban la plaza los timbúes salieron y les recibieron con el beso de Judas, les trajeron de comer carne y pescado. En esto que estaban comiendo cayeron sobre ellos ayudados por amigos y otros timbúes escondidos en las casas y les bendijeron la comida de tal modo que no se salvó ninguno, excepto un muchacho llamado Caldero el único que pudo escapar.*

    Otras crónicas cuentan como Caldero en su huida caminó como diez leguas buscando un poblado amigo. Sediento y conmocionado por lo que había vivido, se encontró con un viejo indio timbú que estaba sentado en un pequeño taburete a la puerta de su choza. Caldero a pesar de su juventud dominaba las lenguas aborígenes y pudo acercarse al anciano, para preguntarle:

- ¿Podría decirme si hay algún arroyo de agua clara por aquí? 

- ¿Por aquí? Que yo sepa no.

- Y digamé, ¿aunque sea una pequeña laguna no hay?

- ¿Aquí?, no sé yo nunca he visto una laguna.

- ¿Y algún poblado amigo cercano?

- ¿Poblado amigo?

- ¿Cercano? No mijo yo no conozco ningún poblado amigo cercano salvo mis animales y mi choza.

- ¿Y no ha visto a los hombres blancos, los españoles con sus armaduras?

- Si le digo la verdad le miento.

- Pero Ud. no sabe nada de nada

- Si, pero yo no estoy perdido.


Juan C. Gargiulo 17 de abril de 2026.

* del libro Ulrico Schmidel Relatos de la conquista del Río de la Plata y Paraguay, Alianza Editorial

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