10/4/26

Duda fatal

 


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Música Artlist y Ariel Prat : Romance para un negro murguero




En tiempos sombríos.
¿Se cantará también?
También se cantará
Sobre los tiempos sombríos.

B.Brecht 1933



    Lisandro Estrada trabajaba en los Corrales del Miserere. Cuando llegaba el arreo desde la pampa, los gauchos le entregaban la poca hacienda que traían. Habían pasado ya los tiempos del hambre. En ese intrincado laberinto de madera entraban las reses elegidas para la matanza. El las esperaba con el mazo. Un golpe certero en la cabeza las derribaba y luego saltaba sobre ella con su facón a degollarla.

    Lisandro Estrada era “mulato”, su madre esclava liberta le tuvo nueve meses en su vientre el año que se creó el Virreinato del Río de la Plata. No conoció a su padre.

    A las cinco de la mañana se escucharon los primeros disparos, los vecinos de los corrales, se atrincheraron esperando la llegada de los invasores. Comandados por John Whitelocke habían desembarcado el 28 de junio en Ensenada de Barragán.

    El primero de julio llegó Liniers a los Corrales a organizar la defensa de los milicianos, tras cercos de tunas. Los gauchos dejaron de traer reses y se sumaron a la milicia con sus lanzas y boleadoras. Las noches de vigilia alrededor del fuego, se contaban historias de pillajes de la anterior invasión, mientras el mate pasaba de mano en mano. Lisandro Estrada cantaba junto al fogón canciones que no sabía muy bien a quien pertenecían, pero que le había enseñado su madre en una lengua que no todos comprendían.

    Lisandro Estrada supo que los invasores habían saqueado a su paso las casas vecinas y se habían apropiado de la carne salada lista para enviar a la ciudad. Lo supo por un peón portugués que traicionó a Whitelocke.

    Cuando atacaron los invasores lo hicieron con artillería primero, que diezmó a los improvisados milicianos. Estos se reagruparon en los Corrales, esperando la carga de infantería. La batalla está sirviendo para ganar tiempo en la defensa de la ciudad. Aunque la derrota será inminente.
El comandante que había formado en el ala derecha llevando así el peso de la acción, fue muerto «al solo impulso del aire de una bala de cañón que le abrasó el vientre». Los defensores sobrevivientes huyeron en dos direcciones: hacia la Chacarita y hacia el centro de la ciudad.
Herido y desorientado Lisandro Estrada, siente en su cabeza una voz de otro tiempo:

Esclavo: ¿quién te liberará?
los que están en la sima más honda
te verán, compañero,
tus gritos oirán.
los esclavos te liberarán.*

    Avanza con su mazo y el facón entre la metralla y el humo, hasta toparse con un soldado enemigo, “mulato” como él. Se miran por un segundo y adivinan en la profundidad de sus ojos el vientre común, las tierras lejanas; un momento de duda que se hace infinito le oscurece la mirada, de su pecho mana un río de sangre.
    Lisandro Estrada, yace muerto tras el paso de la infantería enemiga. Nunca supo el nombre de quien le mató, creyó ver a un hermano, esa fue su duda fatal.

Juan C. Gargiulo 8 de abril de 2026

* Nota: O todos o ninguno Poema de B. Brecht 1933




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