Trabajaba en el taller de su padre, limpiando las herramientas y poniendo en orden el pañol. Sus sueños estaban siempre alrededor de sus juegos infantiles; cuando veía una camioneta o un flete o un simple camión de mudanzas, se le encendía el corazón.
Al año siguiente del éxito futbolístico su viejo le recordó que no había hecho la colimba aún; obediente se fue con su documento de identidad al cuartel del Regimiento 1 de Infantería y allí mismo lo enrolaron. Por la tarde los llevaron a la base aérea del Palomar y de ahí en un viejo avión de la Fuerza Aérea, a Río Gallegos, en la Patagonia.
Pasó catorce meses en ese lugar inhóspito del país, donde le viento se lleva los sueños y la fuerza de voluntad de las personas. En la colimba, lo vacunaron, y aprendió a leer y escribir mejor que en la escuela, porque nadie se mofaba de él. Se hizo buen tirador de FAL y máuser, era tartamudo, pero si no hablaba tenía una puntería excelente. Pasó a reserva en 1975, y se volvió a Buenos Aires, a la casita de sus viejos. Cuando regresó, su padre le tenía una sorpresa: le había comprado de segunda mano una camioneta Dodge carrozada para hacer fletes. Miguelito no podía más de alegría.
Cuando la selección argentina que dirigía César Luis Menotti ganó el mundial de 1978, Miguelito García salió a festejar con su camioneta embanderada y cargada de pibes del barrio. Nada sabía del horror que el Mundial ocultaba los crímenes de la dictadura.
Siguió viviendo con sus viejos hasta que a finales de un verano le llegó una cédula de citación para incorporarse en el Ejército; por sus antecedentes de buen tirador. Nuevamente lo trasladaron al sur y de ahí embarcaron para las islas Malvinas, el dos de abril de 1982.
Al volver de la guerra, su mente se había quedado perdida en alguno de los campos de batalla. Con su salud mental deteriorada fue a parar con sus huesos al Hospital neuropsiquiátrico Dr. José Tiburcio Borda de Buenos Aires. Allí fue sometido a diversas terapias, farmacéuticas y electroshock.
Una tarde de 1989, encontré un camión estacionado en una plaza del barrio de Chacarita. El camión era un viejo Bedford, que tenía toda la caja pintada con frases, y direcciones útiles para los vecinos, ambulancias, bomberos, policías, servicios de protección civil etc.… Al volante estaba Miguelito García. Me convidó unos mates y gracias al sistema de altavoces instalado, pudimos dar una vuelta por el barrio anunciando un evento cultural. Estaba feliz con la campaña de Huracán de ese año de la mano de Carlos Babington.
Al morir sus padres Miguelito García volvió al Hospital Borda. Allí colaboró con la fundación de una radio de los internos: LT22 Radio “La Colifata”.
En un vídeo de YouTube se lo ve con la misma sonrisa que les dedicaba a los pibes del barrio que se burlaban de él, está al pie de un camioncito que tiene en el frontal una leyenda que dice: “Mi sueño”.
Juan C. Gargiulo 2 de abril de 2026.

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