en un acto terrible, simbólicamente purificador.
a esta sociedad enferma de egoísmo,
Radio Macaxines
- Buenas tardes doctor.
¿……………………………..
…………………………….?
El sigue escribiendo como si nada.
- Siéntese..
Me siento y lo observo escribir, hace un ruidito sordo al apretar el bolígrafo sobre el papel, es muy joven, se le ve inexperto pero con un aire de superioridad…
Mientras, relojeo mi expediente abierto sobre el escritorio… Antecedentes, alcanzo a leer..
Termina de escribir , le entrega el formulario a la enfermera, que lo pone en una pila de formularios idénticos.
Agarra mi carpeta y empieza a leer, pronunciando entredientes… adenocarcinoma de próstata, Gleason 7…, hojea rápidamente el expediente, pasando de atrás adelante , informes, imágenes, pruebas, sin leerlas o pasando su mirada por encima.
- ¿le han dado radioterapia ?
- Si 29 sesiones durante el verano de 2012.
- ¿Y se inyecta algo?
- Si Eligard semestral
- ¿Y que tal orina?
- Bien, aunque frecuen… me corta
- Ajá
- Bien, veamos la anali-ti-ca,… mmmm…
Yo observo su peinado azabache, a la gomina y unas gafas de pasta que le dan cierto aire de Clark Kent.
- ¿todo bien dr.? Pregunto preocupado.
- Todo bien . Contesta.
- ¿Y el PSA?
Con el roller del ratón baja la pantalla del monitor que apenas alcanzo a fisgar.
- 0,02, está bien.
Yo me afano en ver otros valores de la analítica y el me mira extrañado, molesto da un giro al monitor y en una mirada cómplice con la enfermera da paso a su venganza :
- vamos a hacerle un tacto rectal.
Juan C.Gargiulo
Segovia, 25 de febrero de 2014
¿Y ahora que hago, mientras vos estás en el osteópata arreglándote los entuertos y entreveros de tu espalda? Un poco desorientado me senté en un banco al pie del portal a esperarte.
La brisa fresca de la tarde y los aspersores se llevaban el aliento tórrido que circulaba entre los bloques de pisos.
En un banco cercano un pibe trasteaba con un móvil y al otro lado dos comadres chimenteaban de lo lindo.
Me levanté y dije voy a aprovechar esta horita y me voy al supermercado que hay varias cosas por hacer.
Aparqué a la sombra, y entré a ese lugar tratado con aire acondicionado y perfumes baratos de nombres caros.
Distraídamente me acerqué a la tienda de gafas para preguntar sobre unas progresivas o unas bifocales, estoy un poco harto de llevar colgando del cuello las de cerca y las lentillas que en verano hacen que mis parpados sean como de escayola.
Al salir de la tienda me encontré con Fermín, viejo amigo de Segovia, intercambiamos impresiones sobre la mishiadura actual y la que se avecina. “Pensar que cuando llegué a España me pareció todo bien alfombradito y veintitrés años después se nos ocurrió levantar la alfombra y mirar debajo”…
Dentro del “súper” seguía yo distraído buscando un artilugio para el ordenador que reemplace al averiado, y en eso la veo: una enorme góndola cargada de libros de saldo, me acerco, prudente, reprimiendo ese impulso que me llevaba a estar horas y horas en las librerías de la calle Corrientes, hurgando, hojeando, leyendo, saboreando cada frase, cada verso, redescubriendo a Arlt, Cortázar o Borges.
A primera vista parecía decepcionante, muchos libros infantiles pero de los malos, esos que tienen nula imaginación y peores ilustraciones, algunos de autoayuda, viajes , gastronomía etc… Miro la hora en el móvil y veo que tengo todavía tiempo, así que me zambullo en las aguas turbias de la góndola a ver que encuentro. A poca profundidad un librito precioso del fotógrafo Joan Fontcuberta sobre la película de Antonioni: Blow Up. A pocos centímetros en otro clasificador Roberto Arlt, me llama doblemente con el desierto entra en la ciudad y la isla desierta. La cosa se pone linda, como en un fondo coralino, cuando aparece un libro que buscaba hace años: poéticas del espacio. Y cuando ya decidí salir a la superficie a tomar aire, Nicolás Guillén me agarra de un dedo con El son entero y otros poemas.
A esta altura me olvidé de otras cosas necesarias como la comida y demás, me sentía yo mismo,inconscientemente satisfecho.
Al llegar a la caja me acomodo en la fila de los que llevamos menos de 10 artículos, vamos la “caja rápida”. Una chica bajita que ya me atendió otras veces, realiza sus movimientos rutinarios y mecánicos, recogiendo cada artículo de la cinta transportadora para pasarlo por el lector de los códigos de barras, se oyen los sonidos electrónicos de las operaciones y las mismas frases con cada cliente: ¿lleva bolsa?, ¿tarjeta travel?, ¿no quiere una bandeja de donuts de oferta?, y así con cada cliente.
Cuando me llega el turno pasa los libros por el lector, como si fueran cualquier producto. ¿Lleva bolsa?, ¿tarjeta travel?, ¿quiere una bandeja de donuts?.
Mientras ella espera mi respuesta agarro el libro de Guillén, abro al azar una página y le leo :
Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.
¿A que es bonito? digo yo.
Boquiabierta balbucea : son catorce euros con quince céntimos.
Juan C. Gargiulo
Basardilla 23 de julio de 2013
Ayer me llegó la noticia de su muerte.
Una sensación extraña me recorrió, como si algo más muriera con él. No me puedo alegrar de su muerte, aunque entiendo que sea la alegría la que surge en muchísima gente, incluso entre mis amigos y familiares.
Y no me alegro porque eso que se muere con él es la identidad, si la identidad de mucha gente que bajo su mando, entró en la categoría siniestra de desaparecidos, porque fue él el que les dio esa identidad nombrándolos así, escondiendo los crímenes en esa denominación. Pero también se muere con él la identidad de mucha otra gente viva , que no conoce su origen. Dificultando una vez más la posibilidad que los familiares recuperen algo de sus seres queridos desaparecidos. Pero también nuestra identidad fue robada, nuestra identidad clandestina, rebelde, resistente.
Y no me alegro porque él contribuyó junto a los otros poderes del país a anestesiar por largo tiempo a la ciudadanía argentina, por el terror sutil, apoyado en el autoritarismo ancestral que ya estaba enraizado en la gente. Porque desestructuró, destejió las tramas del pueblo.
El miedo
Los exilios
Las rupturas
El desarraigo
La des-identidad
Los silencios
Los secretos
La despersonalización
Por algo será…
Sin que todo esto haya sido reparado, restañado, recuperado. Y no me puedo alegrar porque el sistema de dominación que lo engendró sigue generando dolor y destrucción en el mundo.
Sólo me puedo alegrar , que en un país con una democracia maltrecha, pero mucho más cercana a la gente, una lucecita de justicia se ha encendido, con la lucha continuada y tenaz de los organismos de Derechos Humanos, se ha abierto nuevamente la esperanza , ya no sólo de justicia sino de retomar la vida perdida.
Ojalá mueran con él el autoritarismo, la complicidad de los poderes económicos, de la Iglesia, y de gran parte de la sociedad, que ante su propio miedo a la vida, a lo desconocido, siempre reclamó mano dura para con los que nos atrevemos a vivir plenamente, y entregarnos de corazón a construir algo mejor para todos.
Juan C.Gargiulo
Basardilla, Segovia, España, 18 de mayo de 2013
La noche había sido pesada, el cansancio acumulado y luego las veces que me levanto al baño. El insomnio y esas primeras luces de la mañana que se filtran por el balcón… me vuelvo a dormir.
El roce suave de un beso sobre mi mejilla derecha, se repite por dos veces. Abro el ojo sano y allí estás de pie junto a mi cama, con la sonrisa ancha que te cruza toda la cara.
Con tu pijama de rayas que parece un disfraz de víbora de coral, esa de los cuentos de Quiroga, me dices:
- Papá ¿Bajas conmigo a ver que me trajeron los reyes magos?
Mientras bajamos la escalera con sigilo, voy pensando que nuestros padres nos engañaron vilmente, los reyes magos no son los padres… son los hijos.
Basardilla 7 de enero de 2013
Ilustración Esturado Alvarez
La llevaba viendo los últimos cuatro días en la sesión de radioterapia. Su mamá la miraba con devoción. Ella con la cabecita pelada, lucía todos los días un nuevo modelo de vestido.
Pero hoy al llegar al centro de tratamiento no la vio por ningún lado. Avisó en recepción de su llegada, la recepcionista le apuntó e indicó que se sentara un momento a esperar.
El miraba para todos lados pero no estaba. Pensó que quizá hoy le tocara venir por la tarde.
Por el interfono le llamaron para entrar a su sesión diaria. Se levantó de su asiento cogió una bata y entró por el pasillo hasta la cabina para cambiarse. Todos los días la misma cabina, la que está frente a una hermosa gigantografía de un árbol. Cuidadosamente dejó la ropa de calle y se puso la bata. Al salir oyó su nombre y sus pasos se encaminaron hacia el acelerador lineal para recibir su dosis diaria de radiación. Por el pasillo miró una vez más a ver si la veía.
Tras los quince minutos de la sesión se levantó, se despidió amablemente de los terapeutas, y volvió a la cabina para dejar la bata y vestirse de calle nuevamente. Pensó que al salir se dirigiría a la recepcionista, le pediría un sobre y un trozo de papel, para encomendarle un recado. Pulsó entonces el botón de la puerta automática que separa la zona de tratamientos de la sala de espera, y al abrirse, allí estaba ella, bailando para su doctora que la grababa con un teléfono móvil.
Entonces, sin molestarla, se apoyó en un asiento y sin dejar de mirarla sacó de su mochila una tarjeta. Se acercó a la madre que miraba maravillada a su hija y le pidió un minuto de su atención. Con una voz apagada, acercando los corazones, le dijo que en su pueblo todos los años vienen los reyes magos, éstos traen regalos para los niños, pero éste año han dejado esta tarjeta con un dibujo de los tres reyes magos, y una frase : os deseamos que recibáis todo lo que la vida os dé. En el reverso de la tarjeta otro regalo: la dirección web de un video revelador sobre el cáncer y el nombre y el teléfono de ese oncólogo infantil , por si alguna vez lo necesitaran.
El vio que los ojos de la madre se llenaban de brillo. Se despidieron con dos besos y cuando él se dio la media vuelta, escucho a la madre llamar a su hija: ¡princesaaa!
Al salir él se sintió como un rey mago caminado bajo el calor del mes de julio.
Juan C. Gargiulo
Basardilla, verano 2012
Un viento cálido , de verano
te trajo entre nosotros.
En el sereno vendaval de tu vida
nos devolviste el amor entregado.
Una tarde ante una oreja de cartón piedra
me preguntaste:
¿A dónde van los secretos?
Hoy sé que los secretos
van directamente
al corazón.
Basardilla, 4 de junio de 2012