11/12/07

la cuchara

Primero fue la mano

para calmar la sed

su hueco bastaba


El palo o el hueso

materia rudimentaria

su hueco bastaba


La mano

modeló el barro

su hueco bastaba



El fuego

fundió el metal

Y su hueco bastaba




Pobre

Preso

Esclavo

Rico

Niño



Cuentos y nanas

a tu orilla

y el vacío de tu hueco

la esperanza.






30/11/07

un taller dentro de otro

Una caja de plástico detrás de otra, uno las desarma, otro marca los lyers, y otro las monta otra vez con los papelitos dentro, a la espera del disco.

El trabajo manual hermana a las personas, me dice Manuel.

Sobre el mármol, que resplandece bajo las ventanas a la Calle Defensa, con mis 17 años preparo el bote de blanco bueno para las letras en los carteles de lino rojo. A mi derecha se pudre en un tanque de 50 litros una pintura gris formada por todos los restos de los tarros, de todos los sobrantes de cada día.

Yo, el aprendiz mas joven de el taller, intento por primera vez unos trazos con temple rellenando las letras. Cada movimiento del pincel, plano y largo, me mete ,como un juego de muñecas rusas, en otra historia anterior. La de mi abuelo que, primero aprendiz y luego propietario del taller , inventara mil y una maneras de elaborar artesanalmente los carteles de las empresas inmobiliarias. Carteles que necesitaban para el inmenso loteo que era Buenos Aires en los años 20, 30 ,40… Bastidores de madera y lienzos de lino rojo tensados se almacenaban verticalmente , como si fueran obras de arte de grandes dimensiones , como la de los artistas actuales. Carteles de chapa y madera, mas resistentes, se apilaban con ligeros separadores de madera, agrupados por tamaños.

Mientras las pinceladas inseguras rellenaban un ondulado mar de Banco Río, alguien a mi izquierda , con un pulso increíble venía trazando una linea horizontal de varios metros , sin titubeo. Si silbido traía viejas historias de mi abuelo y su socio.

En otro rincón hervía una olla de agua caliente, para los ravioles del mediodía. En la heladera helados artesanales que alguien había traído de la Avenida de Mayo. Un aperitivo de salamín, con maní salado, y Hesperidina, nos abría el apetito. Salduendo, mimaba la mesa improvisada con un cartel, oculto por un mantel a cuadritos. Los banquitos que usábamos para pintar, eran las sillas de este improvisado restaurante italiano. La humeante cacerola, el pan, y el vino .

Durante la rigurosa siesta, los mas jóvenes conspirábamos en la construcción de una guitarra casera, con una lata de pintura, un mástil de listón de yesero, los trastes de alambre galvanizado y las cuerdas de cable de cobre muy fino. Nos sacaba de la hora de recreo la pintura que se secaba.

Todos formábamos un equipo donde cada uno cumplía su papel con lo que sabía hacer mejor. Con los años supe que ésta experiencia había sido el inicio de muchas otras, de trabajo en equipo. En la facultad, en los estudios y empresas en que trabajé.

El tintineo de las monedas sobre el mármol, llamaba la atención de los peatones que en la acera buscaban monedas desesperadamente, guiados por el sonido provocado.

Un trazo, medio giro, otro trazo. Por el pasillo entran corriendo los niños de Gianni. El trabajo está llegando a su fin. Estrenamos nuevo equipo. Las maneras de producción han cambiado, los pinceles trocados por ratones y ordenadores.

El trabajo manual hermana a las personas, me dice Manuel, nuevamente.

Los hermanos me devuelven la mirada. El trabajo está terminado.


Segovia, 30 de noviembre de 2007



30/10/07

de ida y vuelta, la vida continúa

Esta tarde encontré casi de casualidad una caja con fotos de mi abuela Mercedes, ella nacida en Argentina pero hija de gallegos, había ido en 1929 a la aldea de Galicia, donde vivía su padre, a tener a mi madre, luego en 1930 decidió volver a Buenos Aires, a criar a mi madre, cerca de mi abuelo, que a pesar de no querer saber nada de mi madre, luego accedió a reconocerla, no a convivir.
Decía que encontré una caja con fotos de mi abuela, y allí unas cartas entre 1943 y 1947, escritas por mi bisabuelo Manuel a mi abuela Mercedes que ya vivía en Buenos Aires. En esas cartas mi bisabuelo le habla de los inviernos fríos y de las enfermedades que padecían consecuencia de ello. También al principio de las cartas el manifiesta sus deseos que estén todos juntos pronto, incluso hacia 1947, el ya le encontró candidato a mi madre. Pero al final en las ultimas cartas el le pide a mi abuela que vuelva a Galicia, porque ellos ya están viejos ( no les quedaba ningún otro hijo, todos murieron de enfermedades o en la Guerra). No sé lo que le escribiría mi abuela. Pero ella decidió quedarse en Argentina y darle estudios a mi madre. Ella que adoraba a su padre , no pudo atenderlo en su vejez. Sacrificó esa parte tan importante de su afectividad volcándose en lo que creía mejor para su hija, sin ser una madre posesiva, ella era todo entrega y desprendimiento.
Hoy las circunstancias son distintas, la historia se repite a la inversa, y la vida me permite devolver lo que se me ha dado, mis padres están ya mayores y mi padre con una enfermedad crónica que seguramente le acorte sus días. Les he propuesto venir a vivir a España, donde podrán acariciar a sus nietos, y ver como la vida continúa, asentada en sus cimientos.
Y así devolver la caricia que mi madre no pudo recibir de su abuelo al despedirse de él, con 1 año de edad en el puerto de Vigo.

3/10/07

Mama gata

Desde hace un mes que pide salir todas las noches. Si llueve, como estos días, sale a beber de los charcos. No sabemos donde duerme ( si es que duerme) o donde se cobija, con el mal tiempo.
Pero todas las noches pide salir. Entre las seis y las siete de la mañana empieza a maullar para entrar. Apura el paso y escaleras abajo va a comer algo y luego se arrincona a dormir. Con su patita renga protegida y al calor del rincón. Mientras duerme, Cris sale al recuento de cadáveres. Hay días de dos, tres y hasta cinco ratoncitos muertos en el jardín. Este verano ha sido notable la plaga de ratones de campo que además con el incendio se han metido en el pueblo a comer de donde encuentren. Pero la gata los mantiene a raya.
Por la ventana el sol le baña con una luminosidad que le da un halo divino.
Pero ayer cuando entró, después de sus incursiones nocturnas, subió rápidamente a la planta alta. De un salto se encaramó en la cama del niño, y haciendo caso a su instinto maternal, le maulló a escasos centímetros , como para despertarlo. En su maullído parecía indicarle a nuestro niño, que allá abajo , en la alfombra, le esperaba el desayuno, que ella había cazado para él en la madrugada.

22/9/07

La operación


Hora y media de amansadora en el juzgado ya está bien. Para un trámite de cinco minutos, la funcionaria, como es día de mercado, se fue a desayunar, y la muy turra no aparece. El tiempo de las compras en horario de trabajo se lo estoy pagando yo. En el juzgado para ratificar los papeles que consagran mi alejamiento de tu vieja. Y vos en el hospital haciéndote amputar ese pedazo de apéndice que se te inflamó a tres dias de empezar las clases de nuevo.
Cuando te llevó a Urgencias, tu vieja no quería creer que era apendicitis, por eso esperó todo el día. Cuando llegué al hospital , ella se marchó a pasear la perra y me dijo que la mantuviera al tanto. El médico cuando te vió tampoco quería creerlo. Pero yo que me acuerdo de cómo es eso, estaba seguro. Por algún lado el cuerpo nos pasa factura de las cosas que no podemos digerir, o tragar. Si no miralo al abuelo, como la estuvo pasando todo el año. Nuestras emociones, y nuestro sentimientos, si no los sacamos fuera, se la toman con las vísceras o con cualquier parte de nuestro cuerpo. Son la señal inequívoca que nuestra alma está sufriendo.
El médico me miró sobrador y me dijo que eso no podía ser apendicitis, yo le dije que en mi modesta opinión , aprovechando los medios que tienen , que porqué no te hacía las pruebas del protocolo correspondiente. Siguió soberbio pero no quiso arriesgar. Y te mandó a hacerte una ecografía y una analítica. Me preguntaste cándidamente si lo de la ecografía no era eso que le hacían a las mujeres para saber de la evolución de los embarazos, pero hijo mío también sirve para ver otras cosas, especialmente las que no salen en los rayos x, te contesté como si yo fuera el médico. Vos necesitabas de mi seguridad en ese momento, y entre los dolores y las bromas , con ganas de hacer carreras en silla de ruedas, te llevaron a la eco.
Cuando volvió el médico con su soberbia en el bolsillo trasero del pantalón, dijo : Las pruebas dan apendicitis, ahora vendrá el cirujano para ver que pasa. Vos pensabas que te daban un poco de suero y te mandaban a casa. Todo fue muy rápido, yo llamando a tu vieja para avisarle, y enseguida vino la cirujana, trajeron un papel para firmar la autorización, y la camilla del quirófano. Tenías miedo, lo veía en tus ojos, me preguntaste acerca del riesgo de morir en la operación. Te dije que ninguno, que seguramente saldría todo bien, que te habían pillado a tiempo, no como a mí hace 26 años. Te metieron en la camilla hacia el quirófano, las luces de los pasillos iban marcando con un brillo frío en tu rostro el ritmo de nuestra marcha. A la puerta del área restringida, el enfermero me paró en seco y me indicó la sala de espera, allí me informarían oportunamente del resultado. Y allí te entregué con un beso en la frente y el alma encogida. Tenías miedo, pero por otro lado tenías esa necesidad imperiosa que te sacaran el entripado acumulado en tu cuerpo durante no se cuánto tiempo. Lo sé porque hoy que ya estás aquí , recuperándote tienes otra manera de hablar, otra manera de estar en el mundo.

Para Horacio.

Basardilla 22 de septiembre de 2007.

9/9/07

hombres ruines


Fuego,viento, hierba.

Vacas muertas
Aire de fuego
Vacas agonizantes
Horror de niños.


Ya el hombre no tiene
pinares que quemar
Solo en la tierra yerma
el ganado .

Fuego, viento, manos

El sueño no concilia
vacas que agonizan
solo importan pesetas
mas no vidas.

Fuego,viento, hombres.


Basardilla, 9 de septiembre.

29/8/07

El Incendio


Cuando entraste ayer por la puerta, con un nudo en la garganta y los ojos llenos de lágrimas, no supe que hacer, la comida estaba servida, y en un acto mecánico nos sentamos a comer, mientras el humo se colaba por todos los resquicios.
-Hay vacas muertas, algunas con heridas irrecuperables, habrá que sacrificarlas. Me dijiste.
Pero cuando salimos a la calle , al ver a los vecinos con mangueras y cubos, y el horizonte con ese humo que todo lo invadía, tomamos verdadera conciencia de lo que se venía.
- Que ya ha pasado el puente de la vega y viene para aquí . El viento de poniente sostenido durante varios días lo estaba acercando peligrosamente al pueblo.
Un camión hidrante, hacía lo suyo para contener las llamas que rápidamente lo devoraban todo y se acercaban a las balas de paja acumuladas en un nave cercana. Tú te fuiste a convencer a aquella anciana que con una rama de fresno se disponía a defender la nave de las vacas, de la voracidad del fuego.
-Que ya ha llegado a casa de Mariano. Y todos corriendo para allí para enfrentarlo.
Aparecieron los primeros helicópteros cuando ya se estaba por rebasar la línea que divide el campo rústico, del pueblo.
El fuego ya estaba consumiendo alguna nave donde se almacenaba paja para el invierno. Las vacas desesperadas deambulaban por el pueblo, mostrando las heridas terribles.
No pensábamos que nos tocaría a nosotros. Todos estos años contemplando por televisión los desvastadores incendios de Guadalajara y Galicia.
Al encontrame con Alfonso, me contó que en la carretera estuvo como perdido entre el humo y el calor abrasador cuando intentaron contenerlo.
-Ya el fuego va hacia Santo Domingo. Algunos por sus móviles llamaban a los que no estaban. Aumentaban los efectivos de bomberos, y corría el rumor de que si no lo controlaban nos evacuarían.
El campo quedaba yermo , arrasado a su paso, la hierba no segada, las zarzas, los fresnos, los olmos muertos, todo era su alimento.
La tarde iba cayendo y finalmente entre todos pudimos contolarlo, los bomberos, los servicios de protección civil, y los vecinos, que acudimos al lugar en cada momento.
Apagando los últimos rescoldos para que por la noche no se reavivara.
Mientras los bomberos y los helicópteros luchaban contra una montaña de balas de paja que ardía, a pocos pasos, los restos de un carro hecho cenizas, asomando entre éstas, las piezas de hierro que lo sostenían, era el símbolo vivo de la destrucción.
-A las ocho y media hay reunión en el ayuntamiento para coordinar los retenes de la noche.

Basardilla 28 de agosto de 2007